sábado, 24 de diciembre de 2011
Un acto de reveldía
Braguitas de encaje negro, y ella andando por la habitación con paso firme. Ella, segura de sí misma y de lo que consigue con solo moverse. Avanza con su espalda al descubierto y con sus pequeñas manos tapando sus pezones. Ahora estira los brazos, ha decidido que le da igual que la mire todo lo que quiera cuando anda desnuda. Más segura aún. Con una sonrisa traviesa llega a mí. Al sillón. Se sienta con las piernas abiertas, encima de mis piernas y se para. Me sigue mirando, y yo la miro a ella. A esos ojos que me miran, a esos ojos tan vivos. Sonríe. Se divierte con nuestro pequeño e inocente juego de miradas. Aprovecho para volver a fijarme en su cuerpo. Ella no se lo piensa dos veces y me muerde el cuello. Tanto como yo se lo muerdo a ella. Sigue concentrada en mi cuello, yo la dejo hacer y me abandono. No, abandonarse no. Solo cierro los ojos y la noto, noto qué hace en mi cuello y todo lo que eso me provoca.Más calor.
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