Decidí que no importaría con qué pie me levantase, que me daría una ducha larga de agua caliente al despertarme y que tomaría tostadas con mantequilla y mermelada de fresa aunque solo desayunara eso los domingos. Decidí hacer las paces con un amigo, comprarle el mejor regalo de cumpleaños a mi mejor amiga y llamar a cierta persona encantadora.
Decidí afrontar el día con una sonrisa sincera en mi cara, dejar que el aire fresco tocara el fondo de mis pulmones y recordarme amar la vida tanto como una vez la amé.
Decidí que mañana sería un nuevo día, decidí que después de una tormenta siempre vuelve a salir el sol.
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