A una edad en la que ya no se le puede echar la culpa a la ingenuidad infantil, a esos actos que ya tienen repercusiones , esas lagrimas que corren tratando de huir del peligro, como si llorar dejara espacio a otras cosas más sencillas, a otras cosas que no nos harían daño. Quizás con el paso del tiempo las cosas y actos pasados se olviden, pero gracias a eso crecemos, crecemos porque cada uno de esos diminutos daños nos hacen ver que no todo es malo, y que lo malo se puede convertir en bueno y se puede sonreir cada día sin miedo al fracaso.
PD: la chica del barco

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